Esta preparación consiste en reflexionar acerca de la organización y sus capacidades. Dentro de las cosas que hay que tomar en cuenta están:
• Escuchar y observar tanto a los clientes como al entorno. No sólo desde el frío análisis de los números (que por cierto debe estar presente), sino de los comportamientos, relaciones e interacciones con nuestros clientes. Las personas y organizaciones se mueven y cambian, tienen “vida”. Parte importante de la diferencia entre organizaciones exitosas y otras no tanto, radica en quienes fueron capaces de observar, internalizar y realizar.
• Igualmente, se deben conocer las competencias realmente disponibles en la organización y en el equipo, y no quedarse sólo con el discurso oficial sobre lo que debería ser o tener la organización. Tampoco es conveniente establecer políticas poco sustentables relacionadas con “implantar a la fuerza” diseños que no son buenos desde un principio, y que no pasan por una revisión exhaustiva; o por otro lado, forzar cambios que en realidad necesitan procesos de implementación. Se requiere de voluntad y “estado de ánimo” para poder analizar de manera crítica y honesta las capacidades que finalmente serán cruciales para lograr altos niveles de ejecución de los planes.
• Finalmente, se deben tener metas y desafíos claros y debidamente justificados, que no se creen sólo por cumplir con una dirección ideal o socialmente deseada, sino que tengan que ver con lo que realmente es mejor para la organización, dependiendo del nivel de desarrollo en que se encuentre.
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